por Acracia Rivero, 2º ESO B
Primer Premio IV Certamen Literario Global 2007
Al principio me pareció más fácil, pero luego… Miraba hacia arriba y el árbol cada vez era más alto. Yo estaba empeñada en que llegaría a la cima, porque si no perdería contra mi hermano, Jim. Pero ya se sabe que cuando uno quiere, puede. Lo logré, al llegar a la cima ya no me importaba haber ganado, sino lo que estaba viendo en ese momento.
El Sol ya se iba a dormir, como decía mi hermana Clara, y el reflejo iluminaba el prado de trigo. Era lo más hermoso que había visto, aunque mi padre siempre decía que dentro de sesenta años todo lo hermoso habrá sido destruido por “la bestia”, el ser humano. Yo no puedo imaginar un mundo sin amapolas, sin árboles, sin nada de lo que en realidad importa. En ese instante me di cuenta de que se había hecho de noche e intenté bajar del árbol, pero no pude. ¡No se veía nada! Si intentaba bajar lo más seguro es que me caería. Tuve que dormir en el árbol, pero gracias a eso ocurrió algo inesperado. Alcé la mirada al cielo y me quedé anonadada con los millones de estrellas que había, entonces entendí por qué mi madre siempre ha dicho, “números hay tantos como estrellas”. Por primera vez en mi vida sentí paz y tranquilidad. Entonces, en el cielo, una estrella pasó tan rápido que casi no pude verla y tuve la desesperación de pedir un deseo y pensé durante un largo rato, hasta que se me ocurrió la estupenda idea de pedir: quiero ir al futuro, para poder ver si lo que dice mi padre será verdad.
En el mismo instante que pedí mi deseo, me di cuenta de que algo había cambiado. El cielo no era igual que antes, ya no se veían estrellas, solamente dos o tres. Pero no le di importancia y me quedé dormida profundamente. Al despertar todo había cambiado, mi árbol no tenía hojas y los campos de trigo estaban quemados y cubiertos por una espesa capa de nieve. Me empecé a asustar, ya que era verano y era imposible que pudiera haber nevado en mitad del verano.
Bajé del árbol con rapidez y fui corriendo en dirección a mi casa, pero cuál fue mi sorpresa al llegar, ¡mi casa había desaparecido! En su lugar había una especie de construcción que lo único que hacía era desprender humo. Entré en la edificación y pregunté por mi casa, pero me contestaron que desde hacia sesenta años nadie vivía allí. Entonces me di cuenta de que mi deseo se había cumplido y estaba en el año 2020. Decidí preguntar por la estación en la que nos encontrábamos y la respuesta fue, ¡en verano! El señor me explicó que los hombres habíamos destrozado bosques, playas, montañas… Sólo con el propósito de construir y por culpa de todos, por no haber protestado en el momento la especie humana se está extinguiendo, ya que cada vez somos más y existen menos recursos para vivir, aparte de los cambios climáticos que desfavorecen el cultivo y muchas cosas más.
Yo me encontraba cada vez más destrozada, una lágrima amarga corrió por mi mejilla y en ese instante me marché corriendo a mi árbol, que se encontraba enfermo, lo abracé y lloré sobre él y grité: ¡Por qué los humanos no habremos cuidado lo que más nos importa! ¡Porqué! Entonces, como por arte de magia, mi árbol volvió a la vida, le volvieron a crecer sus bellas hojas, con las que yo me hice preciosos gorros cuando era pequeña. Me di cuenta que con amor, cariño y respetando a la naturaleza no tiene por qué extinguirse todo, pero ya es demasiado tarde… Ojalá hubiera sabido todo esto antes, cuando lo tenía todo.
No se cómo, pero me quedé dormida, al despertar todo era igual que antes. Veía a mis flores, a mis campos de trigo, a mi árbol… Estaba otra vez en el año 1960 y supe que a partir de ahora todo cambiaría, no iba a permitir que todo empeorase. Los cambios son buenos, pero no cuando destruyen vida, que es lo más importante. Desde ese día cuidé, amé y respeté lo que me rodeaba y convencí a millones de personas de que lo hicieran. Yo siempre dije y siempre diré: ¡Amar es tan fácil como mirar, sentir, tocar, oler o saborear!
Y corrí a través del campo de trigo hasta el horizonte y después me quedé dormida acompañada de mis amigos: el Sol, el trigo, las flores y mi árbol, mi árbol de la vida.