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Educar, entender, aprender

Martes, Abril 17th, 2007

por Daniel Díaz, profesor de Secundaria y Bachillerato

La palabra educar viene de la unión de la preposición latina ex (fuera) y el verbo duco (llevar). Educar es, etimológicamente, llevar fuera, sacar. No se trata (aunque a veces así lo parezca) de meter conocimientos en las cabezas de nuestros alumnos; de hecho, los principales educadores somos los propios padres, y seguro que como padres nuestra intención no es estar transmitiendo conceptos para que nuestros hijos los memoricen y reproduzcan de forma también memorística. Cuando educamos, lo que pretendemos es que nuestros hijos, o nuestros alumnos, aprendan. Y entre el proceso de educar y el de aprender tiene que darse un estadio intermedio, pero no por ello menos importante que los otros dos, sino que puede que más importante en realidad: entender. Tengo la impresión de que a veces, erróneamente, nos centramos más en los extremos del proceso, y prestamos poca atención al proceso de asimilación de aquello que pretendemos enseñar. Como educadores, profesores y padres nos empeñamos muchas veces en partir de lo externo (conceptos, experiencias propias, conocimientos enciclopédicos, sentido común) e intentamos que nuestro alumno y/o hijo lo interiorice, y decimos que lo ha aprendido cuando observamos que es capaz de reproducirlo con más o menos exactitud, pero no nos fijamos en sí realmente lo ha asimilado, es capaz de aplicarlo o realmente le sirve para algo.

¿Lo entiendes? Es una coletilla muy extendida, y cuando nos responden alegremente que sí, nos sentimos tan satisfechos de nosotros mismos que ni siquiera se nos ocurre plantearnos que pueda ser de otra forma. Y si nos responden que no, nos desarman, pues creemos haber sido extremadamente claros en nuestra exposición, lo tenemos tan claro, que nos resulta imposible que alguien no lo entienda. Partimos de nuestro interior, de nuestros propios conceptos, experiencias, capacidades y estructura mental, y no nos damos cuenta del verdadero sentido de la educación: partir del otro, sacar en lugar de meter, intentar hacer entender para que lo explicado pueda ser aprendido.

Por otra parte, el propio objeto del proceso, el propio alumno, tampoco pone mucho de su parte, porque el mismo no entiende que aprender no es grabar y reproducir, y no lo entiende porque nosotros, los responsables, tampoco se lo hemos sabido transmitir. El alumno está tan preocupado por la consecución de una determinada calificación – y ahí podríamos entrar en otro terreno, el social – que no es capaz de ver que, sólo si se preocupa de entender en lugar de aprender, podrá finalmente conseguir esto último.

Es de cajón: si entiendo, asimilo; si comprendo, interiorizo; si entiendo, relaciono; si asimilo, interiorizo y relaciono, no tendré tanta necesidad de memorizar. Necesitaré solamente unos pocos datos (sí que es verdad que tenemos que meter, pero sólo lo imprescindible) para relacionar con aquello que previamente he entendido, y el conocimiento surgirá por sí solo, no como una fuente externa de alimentación, sino como algo propio, natural. No se olvida fácilmente aquello que se ha entendido y aplicado, y no sólo no se olvida, sino que sirve para construir futuras comprensiones y asimilaciones.

El educador debe poner un énfasis distinto en la enseñanza, procurando partir de los conocimientos previos e intentando sacar el máximo de cada alumno; y este último debe estar más atento a entender que a aprender, ya que lo primero no se da sin lo segundo, de ninguna de las maneras.

Y cuando queramos comprobar la asimilación de lo aprendido, debemos estar más atentos a la aplicación que a la mera reproducción de los conceptos, debemos buscar la manera de meternos en la mente del alumno y observar si está construyendo en su interior una red de conocimientos conectados e interrelacionados entre sí o se está limitando a almacenar simples bloques de conceptos aislados. Estos últimos irán desapareciendo a corto plazo, bien para dejar su lugar a otros o por simple desuso; la red de interconexiones estará siempre ahí a nuestra disposición, para ser rehecha y reutilizada en cualquier momento, para seguir creciendo y madurando como personas, sustentados por ella.