Jóvenes en el corazón de las presas

Abril 17th, 2007

por Beatriz Naranjo, 4º ESO B

Un grupo de alumnos de 4º de ESO del Colegio abandonan las instalaciones del colegio para visitar varias presas y tomar una serie de datos y análisis del agua y el suelo de las mismas.

El pasado viernes día 23 de marzo, los alumnos de 4º de ESO del Colegio Heidelberg realizaron una excursión por tres presas de Gran Canaria. El viaje comenzó a las 8:30 (salida del colegio) de la mañana y finalizó las 5:30 en la Fuente Luminosa. Dichos alumnos se dividieron en dos grupos. Uno de ellos fue a la presa de Chira, situada en el municipio de San Bartolomé de Tirajana, y el otro a la presa de La Sorrueda, localizada en el municipio de Santa Lucía de Tirajana. El destino final para ambos grupos era la presa de Las Niñas, donde pasaron la mayor parte del tiempo conviviendo entre ellos y con la naturaleza.

La misión de los estudiantes de Ciencia en los Experimentos era analizar el agua para conocer la calidad de la misma, ya que el ser humano necesita un aporte diario de agua para realizar sus funciones vitales.

Los alumnos estaban divididos en varios grupos de 4 y 5 personas y cada grupo en su respectiva presa tenía que recoger muestras de agua, medir la temperatura de la misma en el momento de la recogida, indicar el lugar, la fecha, la hora y el oxígeno disuelto en el agua.

Por otro lado tenían que coger muestras de suelo, en una bolsa de la zona superficial y, en otra, suelo a 10 o 15 centímetros de profundidad, tamizarlo, y determinar su grado de aireación.

La excursión resultó ser curiosa y amena, y fue un día donde todos pudieron disfrutar del campo y la naturaleza. También investigaron y fotografiaron la fauna y la flora del entorno, así como la acción humana sobre el paisaje.

Experiencias policiales

Abril 17th, 2007

por Daniel Sarmiento, 2º ESO B

No sé si a más gente le pasa pero a mí, sí y… bastante a menudo. Y es que es ver un policía por la calle y se me erizan todos los pelos, TODOS. Ahora les contaré por qué.
Todo empezó cuando tenía 7 añitos y volvía de un viaje a Disneylandia. Cuando íbamos a pasar el control policial del aeropuerto de París, se me ocurrió pasar corriendo por el detector de metales gritando: - ¡Soy inocente…! Pero ya era demasiado tarde.
En la pantalla de los rayos-x se veían dos pistolas en una mochila roja cantosa, la mía. El policía nos interrogó sobre las armas, y tras probarlas y comprobar que eran un souvenir inofensivo, nos dejaron pasar. Eso sí, la misma historia se repitió en Madrid al hacer escala… Pero eso fue hace mucho tiempo.
Con 14 años y hace unas pocas semanas, yo estaba durmiendo como cualquier otro día en mi cama, cuando de repente se oye el timbre. Miré la hora: eran las 24:00. – Qué raro – pensé - ¿Quién podría ser? Bueno, da igual - me dije. Y seguí durmiendo… Mi madre abrió la puerta y por lo que oí deduje que los hombres que ahí estaban eran policías, ¡3 policías! Me levanté corriendo y con el corazón en un puño los vi, ¡eran enormes! Y yo, víctima del sueño, les dije: - ¡Buenos días! (a las 24:00 horas). Se rieron. Por lo menos no venían de mala leche…
Me contaron que habían recibido una llamada del número de mi casa a las 19:00 horas y había hablado un hombre avisando de una bomba que habían colocado en la comisaría de Miller Bajo. Me atraganté. El único “hombre” a esa hora en mi casa era yo. Tras tomarme los datos y decirme que seguirían investigando, me dijeron que al ser joven, con 14 años y graciosillo, por lo del “Buenos días” supongo, era el principal sospechoso.
Unos 20 minutos después se fueron y yo me despedí: - ¡Buenas noches! Ahora sí. Esta es la razón por la cual no puedo ver a un policía sin ponerme nervioso.
Al final todo quedó en una broma de un miembro del personal de la Telefónica que fue despedido en el acto. Como comprenderéis, de mayor no quiero ser policia.                                                      

Educar, entender, aprender

Abril 17th, 2007

por Daniel Díaz, profesor de Secundaria y Bachillerato

La palabra educar viene de la unión de la preposición latina ex (fuera) y el verbo duco (llevar). Educar es, etimológicamente, llevar fuera, sacar. No se trata (aunque a veces así lo parezca) de meter conocimientos en las cabezas de nuestros alumnos; de hecho, los principales educadores somos los propios padres, y seguro que como padres nuestra intención no es estar transmitiendo conceptos para que nuestros hijos los memoricen y reproduzcan de forma también memorística. Cuando educamos, lo que pretendemos es que nuestros hijos, o nuestros alumnos, aprendan. Y entre el proceso de educar y el de aprender tiene que darse un estadio intermedio, pero no por ello menos importante que los otros dos, sino que puede que más importante en realidad: entender. Tengo la impresión de que a veces, erróneamente, nos centramos más en los extremos del proceso, y prestamos poca atención al proceso de asimilación de aquello que pretendemos enseñar. Como educadores, profesores y padres nos empeñamos muchas veces en partir de lo externo (conceptos, experiencias propias, conocimientos enciclopédicos, sentido común) e intentamos que nuestro alumno y/o hijo lo interiorice, y decimos que lo ha aprendido cuando observamos que es capaz de reproducirlo con más o menos exactitud, pero no nos fijamos en sí realmente lo ha asimilado, es capaz de aplicarlo o realmente le sirve para algo.

¿Lo entiendes? Es una coletilla muy extendida, y cuando nos responden alegremente que sí, nos sentimos tan satisfechos de nosotros mismos que ni siquiera se nos ocurre plantearnos que pueda ser de otra forma. Y si nos responden que no, nos desarman, pues creemos haber sido extremadamente claros en nuestra exposición, lo tenemos tan claro, que nos resulta imposible que alguien no lo entienda. Partimos de nuestro interior, de nuestros propios conceptos, experiencias, capacidades y estructura mental, y no nos damos cuenta del verdadero sentido de la educación: partir del otro, sacar en lugar de meter, intentar hacer entender para que lo explicado pueda ser aprendido.

Por otra parte, el propio objeto del proceso, el propio alumno, tampoco pone mucho de su parte, porque el mismo no entiende que aprender no es grabar y reproducir, y no lo entiende porque nosotros, los responsables, tampoco se lo hemos sabido transmitir. El alumno está tan preocupado por la consecución de una determinada calificación – y ahí podríamos entrar en otro terreno, el social – que no es capaz de ver que, sólo si se preocupa de entender en lugar de aprender, podrá finalmente conseguir esto último.

Es de cajón: si entiendo, asimilo; si comprendo, interiorizo; si entiendo, relaciono; si asimilo, interiorizo y relaciono, no tendré tanta necesidad de memorizar. Necesitaré solamente unos pocos datos (sí que es verdad que tenemos que meter, pero sólo lo imprescindible) para relacionar con aquello que previamente he entendido, y el conocimiento surgirá por sí solo, no como una fuente externa de alimentación, sino como algo propio, natural. No se olvida fácilmente aquello que se ha entendido y aplicado, y no sólo no se olvida, sino que sirve para construir futuras comprensiones y asimilaciones.

El educador debe poner un énfasis distinto en la enseñanza, procurando partir de los conocimientos previos e intentando sacar el máximo de cada alumno; y este último debe estar más atento a entender que a aprender, ya que lo primero no se da sin lo segundo, de ninguna de las maneras.

Y cuando queramos comprobar la asimilación de lo aprendido, debemos estar más atentos a la aplicación que a la mera reproducción de los conceptos, debemos buscar la manera de meternos en la mente del alumno y observar si está construyendo en su interior una red de conocimientos conectados e interrelacionados entre sí o se está limitando a almacenar simples bloques de conceptos aislados. Estos últimos irán desapareciendo a corto plazo, bien para dejar su lugar a otros o por simple desuso; la red de interconexiones estará siempre ahí a nuestra disposición, para ser rehecha y reutilizada en cualquier momento, para seguir creciendo y madurando como personas, sustentados por ella.